viernes, 1 de agosto de 2014

Reconquistando Flandes. Viaje a Bélgica (I): De Madrid a Bruselas

Pues dice mi querido Blogger que no publico una entrada nueva desde el verano 2011, nuestro viaje a Santorini. ¿Qué hemos hecho desde entonces? A bote pronto: tener una hija, empleos y pluriempleos variados, una hipoteca, una tesis doctoral, una estancia en Copenhague (que dará para otros cuantos posts)... Además, rescatar Grecia fue una tarea muy costosa.

Así que este 2014 ha sido el momento perfecto para hacer maletas e ir a reverdecer laureles imperiales, así como a comprobar qué han hecho hasta la fecha los belgas con el Flandes que les prestamos ;) Aquí se deja intuir el porqué del préstamo.

Este es nuestro segundo viaje en familia, aunque es el primero en el que Celia no es un bebé, por lo que lo afrontamos con muchísima ilusión, toda la paciencia del mundo y una mochila con ropa de recambio (¡que acabamos de quitarnos el pañal!) :D

Nuestro comienzo este año ha sido muy tempranero. Un Cabify, que no un taxi, nos recogía a las 4:10 AM para llevarnos a Barajas. Excelente experiencia, por cierto, que te lleven en Audi A6 que no nos cabe en la plaza de garaje por menos de lo que sale un taxi. Además, el chófer (porque va con traje, si no sería 'el conductor') muy formalito, preguntando si queríamos agua, oír la radio o bajar el aire acondicionado. En plan señorito vaya, que se noten las raíces.

 

Nuestro avión salía a las 6:20 y a las 8:35 ya estábamos en Bruselas. Todo perfectamente calculado: 25 minutos para recoger las maletas e ir al mostrador del alquiler de coches, a las 9:00 sacamos el coche previamente reservado y a las 10:00, como MUY tarde, nos estamos instalando en nuestro flamante apartamento alquilado en el centro de Bruselas. Todo hubiera sido así si no hubiéramos creado, así de inocentemente, un deporte que hemos tenido a bien llamar el Brusseling. Entiéndase Brusseling como el deporte de riesgo que consiste en meterte a conducir por una ciudad en la que no has estado en tu vida, armado con un móvil SIN 3G y con una ruta impresa del Google Maps. Con poco más descubrimos América :)

Este improvisado pasatiempo hizo que llegáramos a nuestro apartamento a eso de las 11:00 y algo. Pero mereció la pena. Por cierto, reservado mediante Airbnb, como ya hicimos con Copenhague. Un apartamento pequeño, con garaje, baratito, a 10 minutos andando del centro y en una planta 18. ¡Toma vistas!


Justo debajo tenemos el parque Maximilien que, por alguna extraña razón, tiene una suerte de granja urbana completamente gratuita. En ella viven, entre otros, el burrito Hans (que es el Pepe de aquí), muchos pollos y conejos, cabras, ponies, ovejas... El gallo despierta amablemente a mis chicas por las mañanas.


Una vez instalados, hicimos incursión táctica en el barrio para abastecernos de algo para almorzar. Se puede decir que los belgas y yo empezamos a entendernos. El supermercado más próximo cerraba los lunes, así que recurrimos a un Carrefour market. Es importante recordar que los horarios comerciales aquí no son tan esclavistas como en España, y entre las 17:00 y las 18:00 prácticamente casi todo está cerrado.


Huevo frito, salchichas, zumo de cereales, y spanish siesta para retomar fuerzas. A eso de las 18:00 dimos un paseo bastante majo para conocer el centro de Bruselas. Este es el recorrido que seguimos:


Empezando en el punto más al norte, donde comienza una gran calle comercial (Rue Neuve) que desciende por la Place de la Monnaie (con chorritos muy divertidos, como se puede ver más abajo) y acaba en la Grote Markt. Todo buen pueblo en Flandes tiene su Grote Markt (Gran Mercado) que, a efectos prácticos, es la plaza del pueblo: con su ayuntamiento o similar, su mercado semanal y su iglesia (más grande que la del vecino, a poder ser). 

Si descendéis un poquito por la ruta indicada desde la Grote Markt, veréis un precioso mural de Tintin y, al ladito, un puñado de turistas tapando el Manneken Pis. Y las tiendas de gofres a 1€, y una tienda de Godivas justo enfrente.

Hacia el noreste de la Grote Markt están unas galerías comerciales muy pijinas (de rey y de la reina), al estilo de las que encuentras en Milán junto al Duomo. Tienen unas chocolateries con escaparates espectaculares. 

Un poco a la izquierda de estas galerías podéis ir al Delirium Café, hogar de la cerveza Delirium Tremens, que ostenta el Record Guiness mundial al local que vende el mayor número de cervezas distintas. Un total de 2004 cervezas diferentes. En frente, tenéis a la hermanita del Manneken Pis: la Jeanneke Pis.




No tengo foto de las frites que nos zampamos de vuelta a casa, pero hago constar que me hizo verdaderamente feliz compartir con mis nenas de vuelta a casa un cartucho de patatas fritas belgian-style: dos frituras sobre unas patatas en aceite hidrogenado de colza y otras guarrerías, con algo de sal, y dos salsas. Enfundado todo ello en un cartucho bastante hermoso por 3€. Cómo estarían, que a mi señora no le gustan mucho las patatas fritas y se zampó unas cuantas.

De lo que sí tengo fotos es de otra cosica que hace que Bélgica gane puntos en el ranking. Tantos como kilos ganaremos nosotros. A ver si os suena...




¿Cómo entretener a una niña de recién cumplidos dos años para hacer tanto turismo? La clave está en combinar intereses, correr en las plazas abiertas y los parques, cantar muchas canciones y aprovechar sus siestas de tres horas para ver lo más pesado del turismo. Aunque con canales, barcos y estatuas de animales también se va llevando.

De vuelta a casa, a descansar. Que amanecimos hace 16 horas en Madrid. ¡Hasta mañana!






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